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Nidar
Bienestar8 de mayo de 2026· 8 min de lectura

Edemas en el embarazo: por qué se hinchan los pies y cuándo preocuparse

La hinchazón de pies y tobillos es normal en el tercer trimestre. Pero hay un tipo de edema que no lo es. Saber distinguirlos importa más de lo que parece.

Edemas en el embarazo: por qué se hinchan los pies y cuándo preocuparse

Hacia el final del segundo trimestre —o más claramente en el tercero— muchas mujeres notan que los zapatos aprietan más por las tardes, que los tobillos han perdido su silueta habitual y que los pies parecen los de otra persona. Es uno de los síntomas más frecuentes del embarazo avanzado y, en la mayoría de los casos, es completamente normal.

Pero existe un tipo de edema que no lo es. La diferencia entre uno y otro no siempre es obvia a simple vista, y confundirlos puede tener consecuencias reales.

Por qué ocurre la retención de líquidos

Durante el embarazo, el volumen de sangre aumenta aproximadamente un 50 %. Este aumento es necesario para oxigenar la placenta, nutrir al feto y preparar el organismo para la pérdida de sangre en el parto. Más volumen circulante significa más presión en las paredes de los vasos sanguíneos, y parte de ese líquido se filtra hacia el espacio intersticial —el tejido que rodea a las células.

A esto se suma el efecto mecánico del útero, que en el tercer trimestre tiene un tamaño considerable y ejerce presión directa sobre la vena cava inferior, el gran vaso que recoge la sangre venosa de la mitad inferior del cuerpo y la devuelve al corazón. Cuando esa vena queda parcialmente comprimida, el retorno venoso de las piernas se enlentece y el líquido se acumula en los tejidos más bajos.

El calor también influye: las temperaturas altas dilatan los vasos sanguíneos periféricos y favorecen la filtración de líquido hacia los tejidos. Por eso los edemas empeoran en verano y al final del día, después de horas en posición vertical.

Edema fisiológico frente a edema patológico

El edema fisiológico del embarazo tiene un patrón reconocible: aparece en los pies y tobillos, es bilateral y simétrico, empeora a lo largo del día y mejora con el reposo y la elevación de las piernas. No duele. La piel conserva su temperatura normal y su color habitual. Al presionar con el dedo, puede quedar una pequeña marca —fóvea— que desaparece en segundos.

El edema que puede ser señal de preeclampsia tiene características distintas. No es solo que los pies estén hinchados: es un edema que aparece también en las manos —los anillos no entran— y en la cara, especialmente al levantarse por la mañana. Ese es el dato que más debe llamar la atención: la hinchazón facial matutina no encaja con el edema fisiológico, que tiende a acumularse por gravedad a lo largo del día.

La preeclampsia es un trastorno hipertensivo del embarazo que se caracteriza por presión arterial elevada —igual o superior a 140/90— y, habitualmente, proteinuria —proteína en orina—. Puede aparecer a partir de la semana 20. El edema es uno de sus signos, pero no el único ni siempre el más llamativo. Los síntomas que deben llevar a urgencias de forma inmediata son:

  • Cefalea intensa que no cede con analgésicos habituales.
  • Visión borrosa, fotopsias —destellos de luz— o visión en túnel.
  • Dolor en la parte alta del abdomen o bajo el costado derecho.
  • Edema facial o de manos de aparición súbita, especialmente por la mañana.
  • Náuseas o vómitos en el tercer trimestre sin otra causa aparente.

En presencia de cualquiera de estos síntomas, la urgencia no admite espera.

Medidas con evidencia para reducir el edema fisiológico

Elevación de las piernas. Es la medida más sencilla y más eficaz. Elevar los pies por encima del nivel del corazón durante 20-30 minutos, varias veces al día, mejora el retorno venoso y reduce la acumulación de líquido. No hace falta que los pies estén en un ángulo extremo; con apoyarlos en un par de cojines mientras estás tumbada es suficiente.

Medias de compresión. Las medias de compresión graduada —con mayor presión en el tobillo que en la pantorrilla— tienen evidencia consistente para reducir el edema en el embarazo y prevenir la trombosis venosa profunda, un riesgo real durante la gestación. Se ponen por la mañana, antes de levantarse, cuando el edema todavía no se ha formado. Son incómodas con calor, pero funcionan.

Actividad física moderada. Caminar, hacer ejercicio en el agua o practicar yoga prenatal activa la bomba muscular de los gemelos, que es el mecanismo que impulsa la sangre venosa de las piernas hacia el corazón. El reposo absoluto prolongado empeora el edema.

Hidratación adecuada. Uno de los consejos más contraintuitivos: beber suficiente agua no empeora la retención de líquidos. El organismo retiene más líquido cuando percibe que está deshidratado. Reducir la ingesta de agua para "hincharse menos" no funciona y puede ser contraproducente.

Medidas que se recomiendan sin evidencia sólida

Hay algunas indicaciones que circulan de forma habitual pero cuya eficacia no está bien demostrada en el contexto específico del embarazo. El masaje de drenaje linfático puede ser agradable y aliviar la sensación de pesadez, pero no hay ensayos sólidos que demuestren que reduce el edema de forma clínicamente relevante en embarazadas. Tampoco la ingesta de alimentos con propiedades "diuréticas" naturales —como el pepino o el perejil— tiene evidencia que respalde un efecto real sobre el volumen del edema.

Alimentación: lo que sí tiene sentido

El potasio es un mineral que contribuye al equilibrio de líquidos a nivel celular. Una dieta con ingesta adecuada de potasio —presente en el plátano, la patata, las legumbres, los frutos secos y las verduras de hoja verde— ayuda a este equilibrio. No es un remedio milagroso, pero forma parte de una alimentación equilibrada que tiene sentido durante el embarazo.

El exceso de sodio sí puede agravar el edema. La sal retiene agua en los tejidos. Esto no significa eliminar la sal de la dieta —el sodio es necesario y su restricción severa durante el embarazo no está recomendada—, sino moderar el consumo de alimentos muy salados: embutidos, conservas, snacks procesados, comida precocinada. La sal de mesa usada con moderación al cocinar no es el problema principal.

Lo que dice la matrona
La prueba del edema fisiológico es sencilla: eleva las piernas durante la noche y comprueba cómo están por la mañana al levantarte. Si el edema ha desaparecido o ha mejorado claramente, es fisiológico. Si por la mañana, después de horas en horizontal, los tobillos siguen hinchados o tienes la cara o las manos inflamadas, coméntalo ese mismo día con tu matrona o tu ginecólogo. No esperes a la próxima visita programada.

El edema de las últimas semanas de embarazo es, en la mayoría de los casos, solo una incomodidad más de la recta final. Pero merece atención porque, en algunos casos, es la primera señal visible de algo que requiere seguimiento estrecho. Saber cuándo poner los pies en alto y cuándo ir al médico es una distinción que vale la pena tener clara.

Sobre la autora
Equipo Nidar
Redacción Nidar

Redacción especializada en salud materno-infantil, revisada por matronas colegiadas.

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