El dolor de espalda durante el embarazo es tan frecuente que se ha normalizado hasta el punto de que muchas mujeres lo aceptan como algo que simplemente hay que aguantar. Los estudios sitúan la prevalencia entre el 50 y el 70 % de las embarazadas, con el pico en el tercer trimestre. Pero frecuente no significa inevitable, y resignarse no es la única opción.
Antes de hablar de soluciones, hay que entender que "dolor de espalda en el embarazo" no es una sola cosa. Son dos condiciones distintas que se tratan de forma diferente y que no deberían confundirse.
Dos problemas distintos que se llaman igual
Lumbalgia lumbar es el dolor en la zona baja de la espalda, en la región de las vértebras lumbares. Es el dolor típico en el centro de la espalda, que puede irradiarse a los glúteos o al muslo, pero que no cruza la línea media de la pelvis. Empeora con el movimiento prolongado, con estar mucho tiempo de pie y mejora con el descanso.
Dolor de cintura pélvica —también llamado disfunción de la sínfisis del pubis o dolor de sacroilíacas— es diferente. Aparece en la parte posterior de la pelvis, en uno o ambos lados, a veces también en la cara anterior sobre el pubis. Es el dolor que dificulta caminar, subir escaleras, separar las piernas o girarse en la cama. Puede ser intensamente incapacitante. Afecta a entre el 20 y el 25 % de las embarazadas y, en aproximadamente el 8 %, interfiere seriamente con la vida diaria.
La distinción importa porque los enfoques terapéuticos no son los mismos. Lo que ayuda con la lumbalgia no siempre ayuda con el dolor pélvico, y algunas recomendaciones generales para "el dolor de espalda" pueden empeorar la cintura pélvica.
Por qué el embarazo los provoca
Hay tres mecanismos principales que explican ambos tipos de dolor.
La relaxina es una hormona que aumenta de forma progresiva durante el embarazo y que tiene como función relajar los ligamentos y el tejido conectivo de la pelvis para facilitar el parto. El problema es que no discrimina: relaja también las articulaciones sacroilíacas y la sínfisis del pubis más de lo que sería deseable en reposo. Esa hiperlaxitud ligamentaria crea inestabilidad y dolor.
El cambio del centro de gravedad es inevitable. A medida que el útero crece hacia delante, el centro de masa del cuerpo se desplaza. Para compensar, la columna lumbar tiende a arquearse hacia atrás —hiperlordosis lumbar—, aumentando la carga sobre las vértebras y los discos intervertebrales de la zona lumbar baja.
El aumento de peso suma carga directa sobre la columna, las caderas y los pies. No es solo el peso del bebé: el volumen de sangre, el líquido amniótico, la placenta y el tejido graso adicional suman varios kilos que la musculatura postural tiene que gestionar.
Qué tiene evidencia para aliviarlo
Fisioterapia especializada es la intervención con mayor respaldo. Una revisión Cochrane de 2015 que analizó 26 ensayos sobre intervenciones para el dolor lumbar y pélvico en el embarazo concluyó que el ejercicio —tanto en agua como en tierra— y la fisioterapia multidisciplinar reducen el dolor y mejoran la función. La fisioterapia individualizada, que tiene en cuenta si el problema es lumbar o pélvico, es más eficaz que los consejos generales.
Ejercicio acuático tiene evidencia sólida para el dolor lumbar embarazada. La flotación reduce la carga sobre la columna y permite movilizar la musculatura sin impacto. Clases de aquagym prenatal o simplemente nadar de forma regular son opciones con buen perfil de beneficio-riesgo.
Yoga prenatal muestra resultados positivos en varios ensayos pequeños, especialmente para el dolor lumbar. Mejora la fuerza del core, la postura y la percepción del dolor. No todos los estilos son adecuados durante el embarazo; hay que buscar clases específicamente diseñadas para embarazadas.
Soporte lumbar —fajas de maternidad, bandas de soporte pélvico— puede reducir los síntomas en mujeres con dolor de cintura pélvica. No resuelven el problema de base, pero en etapas muy sintomáticas pueden mejorar la funcionalidad. El soporte pélvico es distinto del soporte lumbar: hay faja específica para cada tipo de dolor.
Lo que tiene evidencia insuficiente para recomendarse de forma rutinaria incluye la acupuntura —hay estudios que muestran beneficio pero la calidad metodológica es variable—, el masaje terapéutico y la manipulación osteopática. Pueden ayudar a algunas mujeres, pero no hay certeza suficiente para recomendarlos de forma universal.
Cuidados posturales concretos
Para sentarse: una silla con respaldo bajo que soporte la curvatura lumbar o un cojín lumbar colocado en la zona. Las piernas deben quedar a noventa grados con los pies en el suelo. Evita los sofás muy blandos donde la pelvis se hunde y la columna se cifosa.
Para levantarte: desde la cama, primero gírate de lado, luego apoya el brazo y empuja para sentarte, y entonces pon los pies en el suelo. Evita incorporarte directamente desde la posición tumbada boca arriba: ese movimiento activa el recto abdominal de forma brusca y crea compresión en las sacroilíacas.
Para dormir: la posición lateral izquierda con una almohada entre las rodillas reduce la presión sobre la vena cava y alivia la tensión de las caderas y la pelvis. Una almohada de embarazo en forma de U puede ayudar a mantener la posición durante toda la noche.
Para cargar pesos: dobla las rodillas, mantén la carga cerca del cuerpo y no gires la columna con la carga en mano. Rotar con peso es el mecanismo más frecuente de lesión discal lumbar.
Cuándo el dolor de espalda es señal de algo más serio
Hay dos situaciones en las que el dolor lumbar durante el embarazo merece atención urgente y no puede atribuirse simplemente al peso del bebé.
Infección urinaria o pielonefritis. Las infecciones de orina son frecuentes en el embarazo, y cuando ascienden al riñón producen un dolor lumbar intenso, generalmente unilateral, que se acompaña de fiebre, escalofríos, náuseas y malestar general. Es distinto del dolor postural: aparece rápido, es más intenso y tiene componente sistémico. Requiere atención médica ese mismo día.
Trabajo de parto prematuro. Las contracciones de parto prematuro —antes de la semana 37— pueden percibirse como un dolor de espalda rítmico, sordo y recurrente, a veces sin la sensación abdominal que asociamos al parto. Si el dolor tiene un patrón rítmico o se acompaña de presión pélvica, flujo o sangrado, ve a urgencias.
El dolor lumbar crónico del embarazo es molesto y limitante, pero estable. El dolor que cambia de carácter, que aparece de forma brusca, que tiene fiebre asociada o que lleva un patrón rítmico no es el mismo problema y no merece la misma respuesta.
