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Nidar
Bebé8 de mayo de 2026· 8 min de lectura

Masaje para bebés: cómo hacerlo y por qué ayuda más de lo que parece

El masaje infantil tiene evidencia real detrás: mejora el sueño, reduce el llanto y fortalece el vínculo. Y no necesitas saber nada especial para empezar.

Masaje para bebés: cómo hacerlo y por qué ayuda más de lo que parece

El masaje infantil no es un extra, ni una actividad de clase de estimulación temprana. Es contacto físico estructurado con un bebé que necesita tacto, y la evidencia sobre sus efectos es suficientemente consistente como para tomarla en serio.

La revisión Cochrane más citada sobre masaje en bebés prematuros —que analizó ensayos controlados aleatorizados en unidades neonatales— encontró que el masaje se asocia con mayor ganancia de peso en prematuros hospitalizados. El mecanismo no está completamente claro, pero se postula que el contacto táctil estimula la actividad del nervio vago, lo que favorece la digestión y la absorción de nutrientes. Fuera del contexto de la prematuridad, estudios en bebés nacidos a término han documentado reducción del tiempo de llanto, mejora en la calidad del sueño y niveles más bajos de cortisol —la hormona del estrés— en bebés que reciben masaje de forma regular.

El beneficio no es solo del bebé. Las madres que practican masaje con regularidad muestran en varios estudios puntuaciones más bajas en escalas de depresión posparto y mayor sensación de competencia como cuidadoras. El contacto piel con piel activa la liberación de oxitocina en ambos, y ese circuito tiene efectos reales en el vínculo.

Cuándo empezar y cuándo no dar masaje

Puedes empezar desde las primeras semanas de vida, una vez que el cordón umbilical ha caído y la zona ha cicatrizado bien. No hay una semana exacta de inicio: lo que importa es que el bebé esté en un estado de alerta tranquila —despierto pero relajado, sin hambre ni sueño inmediato— y que tú puedas dedicarle diez o quince minutos sin interrupciones.

Hay situaciones en las que el masaje no es adecuado. No lo des si el bebé tiene fiebre, si tiene una infección cutánea o herida en la zona que vas a masajear, si acaba de vacunarse en las últimas 48 horas (la zona del pinchazo puede estar sensible), o si está en pleno llanto sin haberse calmado. Y hay que prestar atención a sus señales durante el masaje, no solo antes: si en algún momento aparta la vista, arquea la espalda, se pone rígido o aumenta la inquietud, ese no es el momento.

El aceite: qué usar y qué evitar

El aceite de oliva virgen extra es el más utilizado en España por costumbre y disponibilidad. Sin embargo, la evidencia reciente sugiere que no es la mejor opción. Varios estudios publicados en los últimos años —incluyendo trabajo del grupo de Myla Mosley en Reino Unido— han mostrado que el aceite de oliva puede alterar la barrera cutánea del bebé y aumentar el riesgo de eccema en pieles susceptibles. Su contenido en ácido oleico parece ser el factor implicado.

La alternativa más recomendada actualmente es el aceite de girasol, que tiene una composición más adecuada para la piel del bebé y no presenta el mismo problema. Los aceites específicos para masaje infantil formulados para este uso también son una opción válida. Lo que hay que evitar son los aceites esenciales (demasiado concentrados y potencialmente tóxicos por absorción cutánea en bebés pequeños), los aceites minerales derivados del petróleo, y cualquier producto perfumado con fragancias sintéticas.

La cantidad de aceite debe ser pequeña —unas pocas gotas calentadas entre las palmas antes de empezar— y el contacto debe ser firme pero suave. Las caricias demasiado ligeras, tipo cosquillas, son más estimulantes que relajantes y pueden generar incomodidad.

La técnica básica

No hace falta ninguna formación especial para dar un masaje a tu bebé. Lo que sí ayuda es seguir un orden consistente: el bebé aprende a anticipar lo que viene y eso tiene un efecto calmante en sí mismo.

Piernas y pies. Empieza aquí. Las piernas son la zona menos sensible para la mayoría de los bebés y un buen punto de entrada. Envuelve el muslo con ambas manos y desliza hacia el pie con presión suave y uniforme, como si exprimes de forma muy leve. Tres o cuatro veces por pierna. Luego trabaja el pie: el talón, la planta con el pulgar haciendo pequeños círculos, y cada dedo de forma individual. Es una zona con mucha densidad de terminaciones nerviosas.

Abdomen. Usa la palma de la mano en movimientos circulares en el sentido de las agujas del reloj —en el mismo sentido que el tránsito intestinal. Esto es especialmente útil si el bebé tiene gases o molestias abdominales. Puedes añadir el movimiento de "I love U": dibuja una I en el lado izquierdo del abdomen (derecha del bebé al mirarlo), una L invertida de izquierda a derecha, y una U de izquierda a derecha pasando por la parte inferior del abdomen.

Pecho. Coloca ambas manos en el centro del pecho y desliza hacia los lados siguiendo las costillas, como si abrieras un libro. Luego, desde el centro del pecho hacia el hombro contrario, en movimiento cruzado y suave.

Espalda. Coloca al bebé boca abajo, asegurándote de que la cabeza está girada hacia un lado y que puede respirar con facilidad. Desliza las palmas desde los hombros hacia los glúteos con presión suave y constante. Pequeños círculos a ambos lados de la columna —sin presionar sobre los huesos— y luego el mismo movimiento de arriba a abajo. La espalda suele ser la parte que más les gusta.

La sesión completa puede durar entre diez y veinte minutos. Si el bebé se queda dormido antes de terminar, no pasa nada: es la respuesta más directa de que estás haciendo algo que funciona.

Señales de que el bebé quiere parar

Leer las señales de parada es tan importante como la técnica. Un bebé que quiere seguir mantiene el contacto visual, vocaliza, sonríe, tiene el cuerpo relajado. Un bebé que necesita que pares suele mostrar alguno de estos signos: aparta la vista o gira la cabeza, cierra los ojos con fuerza, pone la mano entre su cara y la tuya, se pone rígido, llora o aumenta claramente la inquietud. Cuando eso pasa, no tienes que interpretar el signo: simplemente para.

Respetar esas señales no arruina el masaje. Es parte del masaje. Le enseñas al bebé que sus señales tienen efecto en el mundo —que cuando comunica algo, alguien responde— y eso tiene valor más allá de los quince minutos de contacto.

Lo que dice la matrona
El masaje funciona mejor como rutina que como recurso de emergencia. Si lo haces cuando el bebé ya está en llanto intenso, no vas a conseguir el efecto relajante que buscas. En cambio, si lo incorporas al final de la tarde, antes del baño o como parte de la rutina de noche, con el tiempo el bebé empieza a anticiparlo y el efecto se amplifica. Cinco minutos cada día es más útil que veinte minutos una vez por semana.

No necesitas un diploma, ni una camilla especial, ni aceites de importación. Necesitas tus manos, un poco de aceite de girasol a temperatura ambiente y diez minutos sin móvil. La mayoría de los bebés responden bien desde la primera vez, y la práctica hace el resto.

Sobre la autora
Equipo Nidar
Redacción Nidar

Redacción especializada en salud materno-infantil, revisada por matronas colegiadas.

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